El verdadero adorador de Dios […] protege su mente y la libera de todo lo insustancial. Acoge asiduamente en el alma la inspiración de su Padre celestial. Se mira frecuentemente en la venerable imagen de nuestro Señor Jesucristo y ve en qué es semejante o desemejante a Él.

Es para todos un modelo de bondad. Sincero en sus palabras y de una mansedumbre ejemplar.

Contempla continuamente su origen, del que procede sin medio, y a él desea regresar con toda diligencia.

Reflexiona también sobre qué es, dónde está, de dónde viene, adónde va, qué hace y por qué lo hace.

Persevera constante y adelantando en toda virtud hasta la muerte.

Lanspergio (+ 1539) Enchiridion militiae christianae