(Considera) que si los otros han cometido algunos pecados, en comparación con los tuyos son monumentos de virtud…

Si no te humillas, si no te dejas triturar por el llanto espiritual, humíllate al menos porque tu dureza, tu soberbia y tu obstinación te impiden humillarte…

Ejercítate así en la humildad: considerando la muchedumbre infinita de tus pecados, con arrepentimiento y llanto, da muerte a todos tus estados afectivos desordenados y creaturales, al deseo de todo consuelo exterior y de todo lo que está fuera de Dios.

Nada quede en ti salvo la voluntad de ser despreciado, una sed insaciable de ser cubierto de oprobios, un querer ser pisoteado por todos y ser considerado como una nada.

Lanspergio (+ 1539) Enchiridion militiae christianae