Debes descubrir ante Dios tu maldad y tu miseria, y allí, en la contemplación de su bondad y misericordia infinitas (para que tu espíritu no se turbe), acúsate y examínate.

No pongas tu esperanza en ti mismo ni en tu modo de vida, y con plena y absoluta confianza abandónate por entero a Dios. Entonces, ante cualquier circunstancia, cree firmemente que eso será para ti lo mejor y lo que más te conviene.

Cree también que el Señor quiere perdonarte y compadecerse de ti; y no solo te liberará de tus iniquidades, sino que también, si perseveras en la humildad y en la imitación de Cristo, su bondad te conducirá a la perfección según la medida conveniente a ti.

Por lo demás, repasar solo contigo tus pecados o contemplarte a ti mismo sin la consideración de la bondad de Dios, es empujarte hacia la oscuridad espiritual.

Por eso, llora tus pecados ante Dios y con Dios. Descúbrelos ante Él, cuéntale cuánto has pecado, quejándote a Él contra ti, invocando su misericordia, acusándote, suplicándole y abandonándote a Él en todo.

Lanspergio (+ 1539) Enchiridion militiae christianae