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La alegría en el Espíritu |
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Para un profano, los horarios, las privaciones, el silencio casi continuo, la soledad de la ermita en que habitualmente vive el cartujo, pueden parecer una locura. Pero lo cierto es que el monje que vive con fidelidad su vocación va adquiriendo poco a poco esa sabiduría espiritual propia de quien se ha dejado invadir por el misterio de Dios y ha anclado en Él su corazón. El monje se siente libre de las ataduras y esclavitudes que tanto suelen angustiar a los hombres y goza de una paz honda y estable. El monje cartujo llega normalmente a esa gozosa experiencia que le hace exclamar: "Ya sólo me llena Dios". Nuestro fundador, san Bruno, expresó admirablemente la felicidad del cartujo en la carta a un viejo amigo, canónigo de Reims, que se resistía a dejar las comodidades de la vida y hacerse monje. San Bruno le anima a dar el paso poniendo ante sus ojos la felicidad y el gozo de nuestra vida: "Cuánta utilidad y gozo divino traen consigo la soledad y el silencio del desierto a quien los ama, sólo lo saben quienes lo han experimentado... Aquí, por el esfuerzo del combate, Dios premia a sus atletas con la ansiada recompensa, a saber: la paz que el mundo ignora y el gozo en el Espíritu Santo". |
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