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¿A qué nos dedicamos los cartujos? |
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En la Iglesia hay órdenes religiosas que se dedican a la predicación, a las misiones, a la enseñanza de la juventud, a curar enfermos, etc. Éstas son las formas de vida religiosa más comunes y más conocidas. Los cartujos, por el contrario, somos monjes que normalmente no salimos de nuestros monasterios y dedicamos nuestra vida a alabar a Dios y a hacer presentes ante el Señor las necesidades de los hombres. El cartujo tiene claro que la utilidad de su vida no depende de la actividad que realiza en la Iglesia y en el mundo, sino del grado de su unión a Cristo, o santidad. La vida eremítica, el diario caminar por el desierto, característico de la Cartuja, va haciendo del monje una persona sencilla y pobre, es decir, que no espera de la vida algo que no sea Dios. Por eso mismo nuestras vidas pueden ser para el mundo un testimonio mudo de que Dios no es una idea fría y lejana sino algo vivo y palpitante, capaz de llenar de esperanza y felicidad el corazón del hombre. Los cartujos nos dedicamos a lo que tradicionalmente se llama "vida contemplativa", muy apreciada por la Iglesia. El Papa Pablo VI, en el discurso de clausura del Concilio Vaticano II, se refería a nuestra vida en estos términos: "Fijar en Él (en Dios) la mirada y el corazón, que llamamos contemplación, es el acto más alto y más pleno del espíritu, el acto que puede y debe jerarquizar la inmensa pirámide de la actividad humana". |
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