DIOS SÓLO

 

- Rvdo. Padre Cartujo: si Vds. tienen prohibido todo ministerio sacerdotal externo, ¿qué hacen?

- ¿Qué hacen? ¿Qué hacemos?

- Vds. son sacerdotes. Un sacerdote normalmente ejerce ministerios pastorales con las almas. Pero si Vds. por principio viven absolutamente enclaustrados, si no tratan con las almas, ¿cómo ejercen, cómo justifican su sacerdocio, qué sentido sacerdotal-pastoral tiene su vida?

- ¿Cree Vd. que su pregunta es correcta?

- Dígame Vd. si no...

- En concreto lo que Vd. pregunta es si hacemos cosas útiles y visibles y tangibles por la sociedad...

- Por ahí iría...

- Pues... no.

- ¿Entonces?

- Le sugeriría que no es gran acierto valorar las cosas -¡cuánto más una vida!- por la utilidad concreta, palpable, visible que reporta.

- Ya. Pero el sacerdote, todo sacerdote es ordenado para servicio del pueblo de Dios, para ser útil a las almas...

- Los valores más elevados son, aparentemente, los menos «útiles»...

- Pero eso es, o puede ser, una frase... Todo sacerdote, en la circunstancia en que se encuentre, tiene obligación estricta de ser útil a las almas y «directamente- aunque sean contemplativos...

- La vida contemplativa está por encima de las categorías de lo «útil» y del «servir para...». La vida contemplativa es, incluso, algo más...

- ¿Qué es, pues, la vida contemplativa de un cartujo?

- Algo más. Un misterio afín al misterio de Dios, de cuya grandeza e incomprensibilidad participa de alguna manera. Más allá del cuidado por las cosas del mundo; más allá, incluso, de todo ideal humano y de la propia perfección, el cartujo busca a Dios. Este es el secreto de la vida puramente contemplativa: vivir sólo para Dios, no desear más que a Dios, no saber sino a Dios y no poseer más que a Dios. Quien esté convencido de que Dios es el supremo valor, comprenderá con facilidad esta vida de radical consagración que es, sin más, la vida del cartujo.

- Bello ideal...

- Pero este bello ideal exige un clima adecuado para desarrollarse.

- ¿Y cuál es el clima adecuado?

- Este clima lo forman las observancias cartujanas que encuentran así su verdadero sentido. Consideradas aisladamente, sin relación a su fin, serían incomprensibles y no pasarían de ser una colección de prácticas curiosas, a veces incluso, juzgadas comúnmente, poco humanas.

- Veamos...

 

LA SOLEDAD Y EL SILENCIO

- ¿Cuál es la palabra que más se repite en la vida de la Cartuja?

- Si alguien se tomase el trabajo de buscar el vocablo más repetido en las páginas de los Estatutos, creemos que serían las palabras «soledad» y «silencio».

- ¿Su espiritualidad tiene algún slogan?

- La espiritualidad cartujana es la espiritualidad del desierto.

- ¿Es una tradición?

- «Los fundadores de nuestra Orden seguían la luz de Oriente, la de aquellos antiguos monjes que, fresco aún en sus corazones el recuerdo de la sangre derramada por el Señor, llenaron los desiertos para gozar de las ventajas de la soledad y la pobreza de espíritu. Puesto que los monjes del claustro siguen este mismo camino, conviene que vivan como ellos en yermos suficientemente alejados de toda vivienda humana...» (1).

Dom Guigo en sus «Consuetudines Cartusiae» se muestra ferviente entusiasta del desierto.

- ¿Es una espiritualidad personalista o tiene fundamentos?

- La Sagrada Escritura y la tradición le ofrecen argumentos para colocar la vida solitaria por encima de cualquier otra vocación.

- Aunque sea como solo medio, Vds. tributan un verdadero culto a la soledad. ¿Por qué?

- Porque la soledad es el medio más apto para la unión con Dios: «la suavidad de la salmodia, el gusto por la lectura, el fervor de la oración, la profundidad de la meditación, las luces de la contemplación y el don de lágrimas, en ninguna parte pueden encontrar un ambiente tan propicio como en la soledad» (2).

- Entonces su estructura jurídica será un acto de favor a la soledad...

- Toda la legislación de la Cartuja tiende a conservar y favorecer esta soledad y silencio que son las notas más destacadas de la espiritualidad del desierto y de la espiritualidad cartujana.

- ¿Cuál es en este aspecto la más seria prohibición de sus Estatutos?

- Los Estatutos prohíben al cartujo formalmente todo apostolado externo.

- ¿Esta decisión es tajante?

- Por si quedase alguna duda, se prohíbe en particular dar dirección espiritual, oír confesiones y predicar.

- Y todo eso ¿por qué?

- Porque «si los seglares no se edifican con nuestro silencio, menos se edificarán con nuestra palabra».

- ¿Es ésta una decisión moderna?

- Esta frase lapidaria de los Estatutos está tomada de la literatura del desierto.

- ¿Tanta rigidez no podría asustar a la Iglesia Católica contemporánea?

- Por si alguien estuviese tentado de escandalizarse, bueno será recordar que esto es precisamente lo que la Iglesia pide al cartujo. El Concilio Vaticano II ha dicho con claridad que el deber de los contemplativos es «vacar sólo a Dios en la soledad y silencio... por mucho que urjan las necesidades del apostolado activo» (3).

- Vds., los cartujos, defienden su vocación contemplativa con la soledad. ¿Con qué más?

- La rigurosa clausura de la Cartuja es otra defensa de la vida solitaria.

- Bien. ¿Y el deber de caridad con la familia?

- En atención al deber de caridad para con la familia, se permiten dos días de visita al año.

- Y... ¿escriben o reciben cartas?

- Las cartas deben ser también muy escasas.

- ¿Y cómo logran Vds. zafarse de la invasión de los medios de comunicación social?

- Para evitar este peligro, en la Cartuja no existe la radio, ni la televisión, revistas profanas, etc.; si llega algún periódico, éste no puede pasar al claustro. El P. Prior se encarga de dar a los monjes las noticias que no estaría bien ignorar.

- ¿Luego viven Vds. ajenos al mundo de hoy?

- Los Estatutos insisten en la necesidad de «vivir ajenos a los rumores del siglo» (4), como algo elemental en la vida solitaria.

- De acuerdo. Soledad radical, clausura rigurosa, alejamiento de los medios de comunicación social... ¿qué más?

- Otro punto capital es la guarda de la celda.

- ¿Siempre están y trabajan en la celda?

- Sólo excepcionalmente se puede llamar al monje del claustro para que trabaje fuera de su celda.

- ¿Y si les urge comunicarse algo entre Vds.?

- Se aconseja dejar para el día de la recreación los recados que exijan hablar, y si no se puede aguardar, siempre se requiere el permiso del Superior para ir a la celda de otro monje.

- ¿Qué le ocurre al que, por debilidad, falta a la regla de silencio?

- Las faltas al silencio se reconocen en público y reciben también penitencia pública.

- ¿Y esta soledad vale tanto para Padres como para Hermanos?

- La soledad de los Hermanos está más expuesta a peligros que la de los Padres; de ahí la insistencia de los Estatutos en recordarles la necesidad de recogerse en la celda siempre que no estén ocupados en algún trabajo. En especial los domingos y solemnidades, los Hermanos pueden dedicar mucho tiempo al silencio de la celda.

- Pero durante el trabajo de cada día, los Hermanos tendrán necesidad de decir alguna palabra...

- Durante el trabajo les está permitido hablar de cosas útiles y necesarias referentes al trabajo; pero para facilitar más la guarda del silencio y soledad no se permite a los Hermanos trabajar con obreros salvo en casos imprescindibles y, en general, se procura que cada Hermano trabaje solo. También para ellos la clausura es rigurosa.

- Con todo, hay trabajos en que será necesario salir de la Cartuja...

- Se procura encargar a seglares los asuntos que exijan salir del monasterio «para que los Hermanos no se vean obligados a andar por pueblos y ciudades» (5). Estos y otros detalles demuestran el cuidado de la Orden por procurar a los Hermanos unas condiciones de soledad que se aproximan a las de los Padres.

- ¿No constituye esta observancia dura y tajante un peligro de materializar la vida de la Cartuja?

- Toda esta juiciosa legislación del silencio y la soledad son la letra de las observancias. El monje ve reflejado en ellas el clima propicio de su vocación eremítica, pero sabe muy bien que eso no es todo, ni siquiera lo principal.

- ¿Y qué es lo sustancial, lo principal?

- Ahondar en esa soledad y extraerle todas las riquezas que contiene.

- Resúmame en una palabra lo que es necesario para un cartujo.

- Que se enamore de la soledad.

- ¿Qué opinaba San Bruno de todo esto?

- San Bruno decía: «Cuánta utilidad y gozo divino proporcionan la soledad y el silencio del yermo a quien los ame, sólo lo conocen quienes lo han experimentado. Aquí pueden los varones esforzados recogerse en su interior cuando quieran, morar consigo, cultivar sin cesar los gérmenes de las virtudes y alimentarse felizmente de los frutos del paraíso. Aquí se adquiere aquel ojo limpio, cuya serena mirada hiere de amores al Esposo y cuya pureza permite ver a Dios. Aquí se vive un ocio activo, se reposa en una sosegada actividad. Aquí concede Dios a sus atletas la ansiada recompensa por el esfuerzo del combate, la paz que el mundo ignora y el gozo del Espíritu Santo» (6).

- El cartujo que obedeciese estas ideas ¿es feliz?

- El monje que sea perfectamente fiel a su vocación sentirá que Dios le llama a soledades y silencios del espíritu cada vez más profundos.

 

EL SOSIEGO ESPIRITUAL

- ¿Qué finalidad tiene la soledad exterior?

- La soledad exterior crea el ambiente propicio necesario para que pueda desarrollarse una soledad más perfecta, la soledad interior.

- ¿En qué consiste la soledad interior?

- Consiste ésta en un proceso espiritual por el que la memoria, el entendimiento y la voluntad van muriendo a todo interés y gusto por las cosas. En su lugar, Dios comienza a ser sentido como único objeto saciante.

- ¿Es algo típico y exclusivo de la Cartuja?

- Es el proceso espiritual descrito por San Juan de la Cruz en la Subida del Monte Carmelo.

- ¿Cómo lo concretan Vds., los cartujos?

- San Bruno y Dom Guigo resumen este proceso en una palabra, la «quies», es decir, el sosiego o reposo espiritual.

- Es decir, que toda la atmósfera cartujana tiende a...

- El ambiente de soledad, el silencio de todo ruido perturbador de los deseos e imágenes terrenos, la atención tranquila y sosegada de la mente en Dios, favorecida por la oración y la lectura pausada, desembocan en ese santo «reposo» del alma en Dios. Reposo simple, endiosado y gozoso que hace sentir al monje, de alguna manera, la belleza de la vida eterna.

- ¿Qué grado de contemplación es éste?

- Digamos que la «quies», el sosiego, es una meta anhelada por el cartujo.

 

FIDELIDAD A LA CRUZ

- Ustedes tienen fama de muy mortificados y penitentes.

- Sobre el tema de las penitencias de la Cartuja, como sobre tantos otros, existen las más extrañas ideas. Es cierto que a las penitencias se las considera sólo como «medios para aligerar la pesadez de la carne y correr con más facilidad en pos del Señor» (7).

- Pero Vd. sabe que la penitencia personal hoy día no se la considera un medio infalible... estamos en tiempos de comprensión y diálogo...

- Las penitencias, y en general todo lo que suponga sacrificio y abnegación, tienen en nuestros tiempos muy mala prensa y se suele hablar de ellas con notable inconsciencia. Todo el mundo ve bien que un deportista se prive de muchas cosas lícitas y someta su cuerpo a penosos entrenamientos. Sin embargo, si un cristiano, consciente de su dignidad, adopta parecidas prácticas ascéticas con el fin de mantener a raya sus pasiones, con toda probabilidad se verá tildado de medieval, exagerado, o bien se le clasificará en alguno de los sonoros apartados de la sicología patológica.

- ¿Creen Vds. los cartujos en la ascética?

- La ascesis, a pesar de estar tan vilipendiada, es absolutamente necesaria a todo hombre que quiera ser algo más que un pobre esclavo de sus instintos animales. «Aun allá Séneca -dice el P. Rodríguez- lo sintió y dijo divinamente: 'Mayor soy y para mayores cosas nací que para ser esclavo de mi cuerpo'; sentencia digna de que el religioso y cualquier cristiano la tuviese impresa en su corazón» (8).

 

LAS PENITENCIAS

- Ustedes los cartujos desean vivir como los hombres nuevos que pide la Sagrada Escritura. ¿Podría concretarme las penitencias básicas?

- Sí; el alejamiento del mundo, la ausencia de noticias y pasatiempos. Posiblemente son éstas las negaciones más costosas y las que más al vivo afectan al postulante. La división del sueño en dos tiempos, la aspereza de la ropa, el ajuar de la celda tosco y elemental.

- Algo distinto al moderno hombre de hoy... ¿Viven Vds. en un ambiente distinto?

- Vivimos en un ambiente de austeridad que contrasta fuertemente con el ambiente de confort y comodidades a que está acostumbrado el hombre de hoy.

- ¿Qué desayunan?

- En la Cartuja no existe la costumbre del desayuno.

- ¿Qué comen?

- Al mediodía se hace una comida, a base de legumbres, pescado o huevos y postre.

- Cuando no ayunan ¿qué cenan?

- Los días que no son de ayuno, se toma una ligera cena consistente en dos huevos o su equivalente en pescado y alguna fruta.

- ¿Cuándo ayunan?

- Los ayunos comienzan el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Cruz, y duran hasta Pascua, es decir, unos siete meses.

- ¿En qué consiste el ayuno?

- El ayuno consiste en hacer una sola comida al mediodía. Por la tarde se toma pan y un vaso de vino.

- ¿Y los Hermanos?

- Por razón del trabajo manual, los Hermanos en vez de pan y vino toman un plato de cocido, lo cual alivia un poco sus ayunos, pero en Adviento y Cuaresma se contentan con pan y vino como los Padres.

- ¿Hacen algo especial los viernes?

- Todas las semanas se hace un día de abstinencia, en el que sólo se toma pan y agua. Generalmente se suele hacer el viernes en memoria de la Pasión del Señor; pero si en la semana ocurre alguna fiesta, la abstinencia a pan y agua se hace la víspera de dicha fiesta.

- ¿Alguna mitigación para los Hermanos?

- Los Hermanos, a causa de sus trabajos, pueden tomar además un plato de cocido, pero en la práctica son pocos los que hacen uso de esta facultad y la mayoría prefieren pasar el día a pan y agua.

- ¿Comen carne?

- Tradicionalmente, desde los tiempos de San Bruno, jamás se come carne ni se sirve a nadie en las Casas de la Orden. En las «Consuetudines», Dom Guigo no habla de esta costumbre pero la supone. Por si quedase alguna duda, Pedro el Venerable, abad de Cluny y amigo de Dom Guigo, dice expresamente que los cartujos no comen jamás carne ni siquiera cuando están enfermos (9).

- ¿Cuándo se convirtió esta costumbre en ley?

- Fue el Capítulo General de 1254 quien convirtió esta costumbre en ley. Este solemne documento supone que la abstinencia perpetua de carnes es una marca distintiva de la Orden, pues señala nada menos que la pena de expulsión de la Orden a todo posible transgresor. Durante siglos se ha mantenido la abstinencia perpetua de carnes con un rigor y una casuística que hoy nos parecen exagerados. Los Estatutos actuales se limitan a recordar la obligación sin señalar penas.

- ¿Y si enferman o tienen que salir de la Cartuja?

- Por no llamar la atención y sobre todo por no causar molestias, los enfermos que deben ser hospitalizados no están obligados a la ley. Estando de viaje «no se puede quebrantar esta ley, sino cuando resulte violento rechazar dicha comida por caridad con quienes nos hospedan» (10).

- ¿Toman café?

- Tan sólo a los huéspedes se sirve café y licores: los cartujos sólo los toman una o dos veces al año, en algún gran acontecimiento.

- ¿Pueden fumar?

- El tabaco está prohibido «por razones de abnegación y pobreza» (11). Efectivamente, con frecuencia la austeridad de vida se confunde con la pobreza evangélica.

- Cuando se penitencian, ¿qué instrumentos usan?

- Como instrumento de penitencia se usa el cilicio, que consiste en dos piezas de tejido de crines de caballo unidas por unos tirantes y sujetas a la cintura por una gruesa cuerda.

- ¿Los Hermanos, también?

- Los Hermanos no usan cilicio pues en los trabajos pesados les podría resultar molesto en extremo.

- En resumen...

- Éstos son los aspectos más destacados de la ascesis cartujana. La Orden los juzga suficientes y, con un gran sentido de prudencia, ordena formalmente que «nadie se entregue a ejercicios de penitencia fuera de los indicados en los Estatutos, a no ser con el conocimiento y aprobación de su Prior» (12). Esta aprobación no la suelen conceder con facilidad. Es cierto que las Efemérides nos muestran a un gran número de cartujos entregados a santas locuras ascéticas en nada inferiores a las de los Padres del desierto. A pesar de su número, no cabe duda de que se trata de casos excepcionales que seguían impulsos extraordinarios de la gracia. Dionisio el Cartujano, por ejemplo, pasó su vida entregado a la oración y al estudio; apenas dormía y sus comidas no merecían el nombre de tales; cuando se le aconsejaba prudencia, solía responder con humor que a nadie aconsejaba seguir su ejemplo, pero que él podía hacerlo muy bien pues tenía la cabeza de hierro y el estómago de bronce.

- ¿No hay mucho peligro en esto?

- Los peligros de las mortificaciones imprudentes son muchos. La salud puede perderse para siempre, y los Maestros de novicios saben muy bien que una de las tentaciones más frecuentes de los principiantes es la de querer llegar de golpe a lo que los santos llegaron a fuerza de mucha gracia y mucho tiempo. Una ofensiva ascética sin tregua y sin admitir respiro conduce casi siempre a la dureza, la intransigencia o a desequilibrios más importantes. Una idea semejante de la ascesis está muy lejos del espíritu de la Cartuja que ha heredado de San Bruno su moderación y equilibrio. El Santo, en carta a su amigo Raúl, le describe con entusiasmo la amenidad de los paisajes de Calabria y, por si su amigo se extrañara de estas expansiones menos espirituales, aclara: «... estas vistas sirven frecuentemente de solaz y respiro a nuestro frágil espíritu, cuando está fatigado por una dura disciplina y la continua aplicación a las cosas espirituales. El arco siempre armado, o flojo, o quebrado» (13).

- Para acabar el tema: ¿cuáles son los rasgos del espíritu cartujano?

- La soledad, el silencio, la «quies» cartujana, la simplicidad de costumbres y la vida penitente definen los rasgos más destacados del espíritu cartujano, que coincide con las líneas maestras de la tradicional espiritualidad del desierto.

 
     

 

 

 

     
 

(1) E.O.C. 1.3.1.

(2) Consuetudines LXXX. XI y E.O.C. 0.2.11. Elogio de la vida solitaria.

(3) Perfectae Caritatis, 7.

(4) E.O.C. 1.3.1.

(5) E O.C. 2.13.2.

(6) E O. C. 1.6.16.

(7) E. O. C. 17.3.

(8) «Ejercicio de Perfección». P. II, 1. II. cap. 9.

(9) De Miraculis P. L. 189. 944.

(10) E.O.C .48.10.

(11) E.OC. 6.48.12.

(12) E.O.C. 1.7.8.

(13) P.L. 182.421. y E.O.C. 6.48.9.