LA TOMA DE HÁBITO

 

- Usted lleva muchos años de vida cartujana, ¿cuál es el primero de los recuerdos?

- Hay recuerdos que nos acompañan toda la vida. La Toma de hábito es uno de ellos, y el monje guarda siempre de este acontecimiento un recuerdo perfumado de fervor y de santas ilusiones, que el paso del tiempo no es capaz de extinguir. La Toma de hábito es el primer paso en la vida monástica de la Cartuja. Se trata de una ceremonia emotiva y llena a la vez de sentido espiritual.

- Cuénteme la ceremonia...

- La Comunidad se halla reunida en el Capítulo para deliberar sobre la admisión del postulante. Hecha una votación, si ésta es favorable, el Padre Maestro va a llamar al postulante. Entra éste con paso nervioso por la emoción y se postra en el suelo.

- ¿Qué pides? -le interroga el Prior.

- Misericordia -responde el postulante.

A una señal del Prior se levanta y hace su petición en estos términos: «Suplico por amor de Dios ser admitido a la probación en hábito monástico como el más humilde servidor de todos, si a vos, Padre, y a la Comunidad os pareciere bien».

Entonces el Prior le expone las asperezas de la vida que desea abrazar: las largas horas de oración, los ayunos y abstinencias tan frecuentes, la guarda de la celda y del silencio, las nuevas exigencias de la renovación de vida. Al final, el Prior le pregunta si se siente con fuerzas para abrazar el nuevo género de vida, a lo que el postulante responde que, únicamente confiado en la ayuda de Dios y en las oraciones de los monjes, espera cumplir con todas las exigencias cartujanas. Todavía le advierte el Prior que antes de la Profesión puede irse libremente y, a su vez, la Comunidad podrá despedirle si no lo encontrara idóneo para la vida cartujana. Una vez el postulante ha dado su conformidad, se arrodilla delante del Prior juntando las manos entre las de éste, que de parte de Dios, de la Orden, de la suya propia y de la Comunidad le asocia a la Orden. Después el Prior le da un abrazo, y a continuación todos los monjes hacen lo mismo, indicando con este gesto afectuoso la alegría con que le reciben...

- ¿Y eso es todo?

- Antes de Vísperas tiene lugar el Enceldamiento. Una vez revestido del hábito cartujano y de la capa negra de novicio va a la iglesia y ora postrado ante las gradas del presbiterio. La Comunidad, arrodillada en sus puestos del coro, canta la bella y sentida melodía del Veni Sancte Spiritus. El Prior, revestido con la cogulla eclesiástica y la estola, está cerca del novicio. Al final del Veni Sancte Spiritus, recita una oración por la que se pide al Señor lleve a feliz término la obra de santificación comenzada en el novicio. Terminadas las preces, toda la Comunidad acompaña al novicio a su celda. Encabeza la procesión el Prior a quien sigue el novicio: la Comunidad viene a pocos pasos cantando salmos apropiados al sentido espiritual de la ceremonia: ¡Qué deseables son tus moradas, Señor! Mi alma se consume anhelando los atrios del Señor. Hasta el gorrión ha encontrado una casa y la golondrina un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor, Rey mío y Dios mío. Dichosos los que viven en tu casa alabándote siempre... Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa» (1).

- ¡Muy emotivo!

- Una vez llegados a la puerta de la celda que ocupará el nuevo novicio, el Prior toma el aspersorio que le ofrece el P. Procurador y asperja al novicio primeramente y a continuación la celda; le toma de la mano y le introduce, llevándole al oratorio donde, arrodillado, permanece en oración. Entre tanto, la Comunidad se reúne en torno al novicio; se interrumpe el canto y el Prior recita una oración. Concluido el acto, el Prior se dirige al novicio diciéndole: «Dom N., te ordeno guardar la celda y cumplir con las obligaciones de nuestra Orden, para que en la soledad y silencio, en la oración constante y en la generosa penitencia puedas consagrarte totalmente a Dios. Para esto te confío a los cuidados del P. Maestro» (2).

- ¿Y de ahora en adelante...?

- Desde este momento el novicio comienza a tomar parte activa en los actos litúrgicos y a cumplir sus obligaciones en la Comunidad, de forma que, sin esfuerzo, tiene la agradable impresión de sentirse adaptado al ambiente de su nueva familia.

- ¿La misma ceremonia vale para los Hermanos?

- La toma de hábito de los Hermanos es similar a la de los monjes del claustro, excepto que no hay enceldamiento. El postulante viste ya el hábito de la Orden y la capa negra cuando, postrado en el Capítulo, pide ser admitido al noviciado de Conversos. Después de la admisión y de haber recibido el abrazo de la Comunidad, se dirigen todos a la iglesia cantando el hermoso salmo 83. El Prior toma al novicio de la mano y le lleva ante las gradas del presbiterio donde se postra y permanece en oración. La Comunidad desde sus puestos del coro canta el Veni Sancte Spiritus al que sigue una oración que recita el Prior. Finalmente el novicio se levanta, hace una profunda inclinación al Santísimo y va a ocupar su silla en el coro.

 

LA PROFESIÓN TEMPORAL

- ¿Cómo es la Profesión temporal?

- La víspera de la Profesión, el futuro profeso, postrado en el Capítulo, pide a la Comunidad le admitan a la profesión «como el más humilde servidor de todos». La ceremonia tiene lugar al día siguiente en la Misa conventual que oficia el Prior; es un día de fiesta y el altar se halla adornado con reliquias. Sobre una pequeña mesa situada en el presbiterio se encuentra la cogulla larga con trabas que bien pronto vestirá el futuro profeso. El P. Maestro, al comenzar el canto de los Kyries, la pone delante del joven profeso. Cuando concluye el canto del Credo, el novicio se dirige al presbiterio llevando en sus manos la cogulla que deposita de nuevo sobre la mesa. El Prior se acerca y bendice la cogulla asperjándola con agua bendita. Acto seguido el novicio arrodillado comienza a recitar en voz alta el salmo 16: «Yo digo al Señor: Tú eres mi bien, no hay dicha para mí fuera de Ti...». De pronto interrumpe la recitación del salmo y entonces el Prior, ayudado del P. Sacristán, le quita la capa negra y la cogulla de novicio mientras dice: «Que Dios te despoje del hombre viejo y de sus acciones»; y le pone la cogulla de profeso diciendo: «y te revista del hombre nuevo que ha sido creado por Dios en verdadera justicia y santidad».

- ¿Cuando lee la fórmula de la Profesión?

- Seguidamente, el nuevo profeso lee la fórmula de Profesión que lleva escrita en un papel. Es una venerable fórmula que, salvo alguna pequeña variante, se remonta a los primeros años de la fundación de la Cartuja: «Yo, fray N., prometo (por tres años) estabilidad, obediencia y conversión de mis costumbres, delante de Dios y de sus Santos y de las Reliquias de este yermo, que está construido en honor de Dios y de la bienaventurada siempre Virgen María y de San Juan Bautista, en presencia de Dom N., Prior» (3). Una vez entregado el papel al Prior, sigue recitando el salmo 16 que había interrumpido: «El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano: me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad... Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha». Difícil encontrar un texto más apropiado al momento que esta hermosa pieza del salterio, recitada por el nuevo profeso con voz entrecortada por la emoción.

 

LA PROFESIÓN SOLEMNE

- ¿Y la Profesión solemne?

- También la Profesión solemne tiene lugar en la Misa conventual y reviste especial solemnidad.

- Cuando concluye el canto del Credo, el que ha de profesar sale de su puesto en el coro y ante las gradas del presbiterio canta, con voz pausada, este versículo del salmo 118, que repite tres veces: «Sostenme con tu promesa, y viviré; que no quede frustrada mi esperanza». La Comunidad responde en el mismo tono repitiendo el mismo versículo que termina con el Gloria Patri.

- ¿Y el momento más emocionante?

- Se hace un gran silencio mientras el futuro profeso, arrodillándose delante de cada uno de los monjes pide con voz suplicante: «Hermano, ruega por mí». Luego sube al presbiterio y delante del Prior lee la fórmula de Profesión escrita y firmada por él en un pergamino. El texto es el mismo que el de la profesión temporal, pero ahora dice «prometo por siempre», en lugar de «por tres años». Una vez leída la fórmula de Profesión, deposita el pergamino sobre el altar indicando, por este gesto, que queda definitivamente consagrado a Dios. Postrado a los pies del Prior, el profeso escucha una larga oración por la que el Prior pide a Dios se digne conservar siempre en el recto camino de la disciplina regular al nuevo profeso, de forma que, despreciando los halagos de la carne y gustando la dulzura de los bienes espirituales, no preste oídos a las falsas voces de los pastores extraños sino a la de Jesucristo que dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que me siga».

 

LA MISA CARTUJANA

- ¿La Santa Misa que celebran Vds. todos los días es exactamente igual a la que se puede oír en cualquier iglesia?

- La liturgia eucarística se celebra en la Cartuja según un rito monástico, tomado probablemente por los primeros cartujos de la Misa cluniacense más antigua, simplificada en algunas ceremonias. La Misa cartujana es un testimonio todavía viviente -el único- de la Misa romana del s. IX (4).

- ¿Incluso después del Concilio Vaticano II?

- A pesar de que la reforma litúrgica, emprendida a raíz del Vaticano II, ha reducido algunas peculiaridades, la Misa cartujana sigue conservando algunos caracteres propios. Entre otros: el acto penitencial, al comienzo de la Misa, difiere bastante del empleado en el rito romano. La ofrenda del pan y del vino es también distinta. El sacerdote mantiene los brazos en cruz durante la recitación de la Plegaria eucarística y la Misa se termina sin bendición.

- ¿Concelebran?

- Los cartujos sacerdotes, de acuerdo con su vida eremítica, celebran la Misa en las solitarias capillas del claustro. La concelebración sólo es posible en los días que revisten carácter cenobítico o cuando ocurre algún acontecimiento de carácter conventual.

- ¿Cómo es la Misa conventual?

- Todos los días, al rayar el alba, se canta la Misa conventual según un rito extremadamente sencillo y recogido. Cuando en el coro los monjes comienzan el canto del Introito, el sacerdote sale de la sacristía y ora, profundamente inclinado, ante el altar. Saluda a la Comunidad con el Dominus vobiscum, una vez terminado el Introito; se dirige a la cátedra, situada en el lado derecho del presbiterio; recita el Acto Penitencial junto con la Comunidad y escucha del canto del Kyrie y del Gloria. Estas melodías gregorianas son extremadamente sencillas y tan sólo los días solemnes varían un poco. El sacerdote canta la Colecta mientras los monjes permanecen profundamente inclinados sobre sus sillas del coro. La Epístola, leída desde el facistol por un monje instituido Lector o, en su defecto, por el P. Procurador, la escuchan todos sentados y cubiertos con la capucha, incluso el sacerdote. Cuando el coro comienza el canto del Aleluya o del Tracto, el diácono, revestido simplemente con la cogulla eclesiástica, abandona su puesto en el coro y se acerca al sacerdote a quien pide la bendición, extendiendo ante él la estola. Todos escuchan de pie la lectura del Evangelio que, desde el lectorio del presbiterio, lee el diácono. Cuando da comienzo el canto del Ofertorio, el sacerdote sube al altar y el diácono le ofrece al mismo tiempo el pan y el vino, sosteniendo el cáliz, sobre el que va la patena con las formas, con el extremo de un gran paño que lleva colgado del hombro izquierdo.

- ¿Y los días festivos?

- Los domingos y días de solemnidad el sacerdote inciensa la oblata y, a continuación, entrega el incensario al diácono para que, a su vez, inciense en torno del altar. El diácono vuelve al coro y únicamente cuando su ayuda es imprescindible sube al presbiterio. El sacerdote canta la Oración sobre la oblata y el Prefacio, al que sigue el Sanctus, cantado lentamente por el coro.

- ¿Y la Consagración?

- La Plegaria eucarística transcurre en absoluto silencio; el sacerdote permanece casi todo el tiempo con los brazos en cruz y la Comunidad de pie o arrodillada, según la importancia litúrgica del día, y con la capucha calada hasta los ojos para favorecer el recogimiento. Después de la consagración del vino, adoran al Señor presente, postrándose en tierra según costumbre antiquísima, hasta que el diácono da la señal para levantarse. El Pater noster es cantado juntamente por el sacerdote y la Comunidad. El rito de la Paz, antes de la Comunión, se hace, prácticamente, como en el ritual romano. Toda la Comunidad, Padres y Hermanos, tienen facultad para comulgar en la Misa conventual bajo las dos especies, aunque hayan comulgado o vayan a comulgar en otra Misa.

- ¿Algún rito especial?

- Todos los domingos, inmediatamente antes de la Misa conventual, el sacerdote bendice el agua con la que asperja primero en torno del altar y a continuación a los monjes que, en dos filas, se acercan a las gradas del presbiterio cantando una antífona penitencial. Se trata de un antiguo rito de mediados del siglo IX; antiguamente estuvo en uso en todos los monasterios y la Cartuja sigue conservándolo todavía hoy.

 

LA MUERTE DEL CARTUJO

- ¿Qué es la muerte para un cartujo?

- Para quien pasa la vida tendiendo hacia los bienes eternos, la muerte no tiene el sentido de tragedia irremediable que, tarde o temprano, alcanza a todo hombre. La muerte, por el contrario, es una especie de sacramento que pondrá al monje en posesión de Dios. No siempre la fuerza de la fe logra vencer la sensibilidad y natural repugnancia del hombre ante la muerte, pero jamás el cartujo considera la muerte como una tragedia: hay quienes con el Apóstol desean «morir para estar con Cristo» (5); otros -los más-, la miran con naturalidad y santa despreocupación; en cualquier caso la leyenda del «Morir tenemos», que presenta al cartujo obsesionado por la idea de la muerte, es absolutamente falsa.

- ¿Muere un cartujo siempre en su celda?

- Aunque los tiempos modernos exigen cada vez más la hospitalización para dar al enfermo los debidos cuidados médicos, el cartujo tiene ilusión por morir en la tranquilidad y pobreza de su celda, rodeado de sus hermanos los monjes. Todavía esto es, por hoy, lo corriente en la Cartuja.

- ¿Y cómo se le ayuda a morir?

- Conforme al sentir de la Iglesia, no esperamos a los últimos minutos para administrar la Unción de los enfermos. Lo hacemos cuando el monje entra en un cierto peligro por enfermedad o senectud. En el caso de un enfermo grave, el P. Prior, revestido de cogulla eclesiástica y estola morada, va a la celda del enfermo acompañado de algunos monjes. Preceden la cruz y el agua bendita. Ya en la celda, tiene lugar el acto penitencial, seguido de una lectura bíblica y de unas preces en forma de letanía. A continuación, el Prior y los sacerdotes presentes, desde su sitio, imponen, al mismo tiempo y en silencio, las manos al enfermo. Después de un salmo y una oración., todos cantan el Padre nuestro. Si el enfermo ha de comulgar lo hace entonces. Y mientras el enfermo siga en peligro de muerte, los monjes se van turnando de forma que, día y noche, el enfermo está acompañado. Así, entre los fervorosos rezos de sus hermanos, el cartujo se duerme en el Señor.

 

EL ENTIERRO EN LA CARTUJA

- ¿Y una vez expirado?

- Vestido con el hábito y cubierto el rostro con la capucha, el difunto es llevado al Capítulo sobre unas parihuelas que en la Cartuja sustituyen a la caja. Se cubre el féretro con un gran paño o cilicio, y los monjes se turnan velando al difunto. Durante los Oficios conventuales se traslada el cadáver a la iglesia y es colocado en medio del Coro.

- ¿Y el entierro?

- Normalmente suele tener lugar después de la Misa conventual de difuntos que oficia el Prior. Terminada la Misa, toda la Comunidad rodea el féretro. El Prior asperja el cadáver y la Comunidad canta los responsorios y preces establecidos en el ceremonial. Acto seguido, se ordena la procesión que, partiendo de la iglesia y atravesando el gran claustro se dirige al cementerio. Un novicio abre la marcha llevando la cruz; le sigue el Prior acompañado del P. Procurador que lleva el incensario; a continuación, encapuchados y en ordenada fila, vienen los monjes del claustro cantando salmos que hablan de esperanza y terminarán con la alegría del Magnificat. El féretro, llevado por cuatro Hermanos, viene detrás de los monjes del claustro e inmediatamente delante de la Comunidad de Hermanos que, también encapuchados y recogidos en silenciosa oración, cierran la comitiva.

- ¿Y en el cementerio?

- Al llegar al cementerio se deposita el féretro junto a la fosa que los Hermanos han abierto algunas horas antes. Se quita el gran paño que cubre al féretro, quedando el cadáver descubierto sobre una simple tabla que sustentan las parihuelas. En este momento se interrumpe la salmodia y el Prior bendice la fosa mientras la Comunidad canta el responsorio: «Esperamos al Salvador y Señor Jesucristo que reformará el cuerpo de nuestra vileza conforme a su cuerpo glorioso» (6), que el Prior termina con una oración. Entonces el cuerpo del difunto es bajado cuidadosamente a la fosa y varios Hermanos comienzan a cubrirla con tierra. La Comunidad reanuda la salmodia hasta que los Hermanos concluyen con la tarea de cubrir la fosa. El Prior bendice por última vez la tumba ya cubierta y termina la ceremonia del entierro con una hermosa oración: «Ilumina, Señor, el alma de tu siervo, cuyo cuerpo descansa ahora en las sombras de la muerte» (pág. 27 del «Officium sepulturae»).

- ¿Qué queda de un cartujo en esta vida?

- Sobre la sepultura queda una sencilla cruz sin nombre, como testigo de una vida que se fue gastando, día a día, en servicio del Señor.

 

EL «LAUDABILITER VIXIT»

- ¿Acabado el entierro?

- Terminado el entierro, toda la Comunidad se congrega en el Capítulo, donde el Prior hace una breve plática sobre el difunto.

- ¿Se canonizan cartujos?

- No hay costumbre en la Cartuja de introducir causas de canonización. Sin embargo, según una antigua tradición, al monje que se ha distinguido por la santidad de su vida, se le puede conceder que en la lista de difuntos, enviada en la Carta del Capítulo General, se añada a su nombre estas dos palabras: «Laudabiliter vixit» (vivió laudablemente). La alabanza no parece excesiva, pero resulta muy difícil de conseguir. En otros tiempos se concedía con más facilidad; hoy, además de la aprobación del Capítulo General, la costumbre exige que la Comunidad vote unánimemente, reconociendo la vida santa del difunto. La unanimidad, en Comunidad, es ya de por sí algo poco frecuente y, cuando se trata de valorar las virtudes del difunto, los monjes suelen ser muy exigentes, aplicando aquella ley según la cual una cosa buena debe serlo íntegramente, mientras basta cualquier pequeño defecto para que no lo sea (7).

- ¿Algún santo en los últimos años?

- En los últimos años han fallecido personas conocidas en la Orden por sus virtudes excepcionales; incluso una persona favorecida con los estigmas y otras gracias extraordinarias. Pero no han conseguido el «Laudabiliter vixit».

- ¿Pero alguno habrá...?

- Aunque difícil de conseguir, no es imposible, y de vez en cuando aparece algún «Laudabiliter vixit» en las listas de los difuntos. Desde 1955 hasta el presente han fallecido en Miraflores diez monjes, todos profesos de la Casa, y se ha concedido un solo «Laudabiliter vixit», a Dom Martín Hernández, fallecido en 1962. La Comunidad y el Capítulo General estuvieron sin duda acertados reconociendo la santa vida de este oscuro monje, modelo de observancia y de virtud. que dominó con perfección el envidiable arte de saber impregnar toda su vida de una paz y de una sencillez celestiales.

 
     

 

 

 

     
 

(1) Salmo 83.

(2) E.O.C. 5.36.5.

(3) Consuetudines Cartusiae XXIII. I.

(4) «Aux Sources de la vie cartusienne» por DOM MAURICE LAPORTE. t. 5., p. 255.

(5) PIL 123.

(6) RL 3 20.

(7) «Bonum ex integra causa, malum ex quocumque defectu». Dionys. Areop., «De divin. nom.» P.G.3.730.