|
ACTUALIDAD DE LA VIDA MONÁSTICA
- Dentro de las familias religiosas de la Iglesia Católica, ¿dónde se encuadran los cartujos? - Los cartujos pertenecen a aquel estado de la Iglesia designado comúnmente por «religiosos de vida contemplativa» o «monjes». - ¿Reciben Vds. comprensión de parte de la sociedad? - La incomprensión de la vida monástica no data de nuestros días. Es, bajo algunos aspectos, natural que sea así: el hombre encuentra gran dificultad para justipreciar los valores espirituales, sobre todo los sobrenaturales. - ¿No será esta postura algo nueva?... - Ya San Pablo decía: «El hombre puramente humano no capta las cosas del Espíritu; son para él locura y no puede entenderlas, porque hay que juzgarlas espiritualmente» (1). - ¿Y... hoy día? - Hoy, a esta dificultad general para entender los valores puramente espirituales, se añade otra no menor, debida a una mentalidad «horizontalista», que conduce más o menos conscientemente a un humanismo intrascendente y a no ver en la Iglesia otros fines que los sociológicos. Dentro de esta mentalidad, la vida monástica, consagrada exclusivamente a Dios, parece un angelismo pasado de moda. - ¿A qué se debe esta incomprensión? - Esta posición no puede explicarse sino por ignorancia de la doctrina de la Iglesia, o, lo que sería peor, por un desacuerdo con el Magisterio eclesiástico. - ¿Qué hace la Iglesia Católica por ustedes? - La Iglesia desde siempre ha salido en defensa de la vida contemplativa con una doctrina tan clara y con tal abundancia de textos (2), que extraña encontrar todavía cristianos con un concepto tan pobre de la vida monástica. - ¿Qué ha hecho el Concilio Vaticano II? - El Concilio Vaticano II ha establecido con claridad la misión esencialmente contemplativa de la Iglesia: «Es característico de la Iglesia ser, a la vez, humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acción y dada a la contemplación, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina, y todo esto de suerte que en ella lo humano esté ordenado y subordinado a lo divino, lo visible a lo invisible, la acción a la contemplación, y lo presente a la ciudad futura que buscamos» (3). - ¿Queda clara en el Concilio Vaticano II su labor en la Iglesia? - El Concilio afirma: «Los Institutos puramente contemplativos, cuyos miembros dados totalmente a Dios en la soledad, en el silencio, con asidua oración y áspera penitencia, conservan siempre toda su importancia, por grande que sea la urgencia del apostolado activo, y ocupan siempre un puesto preeminente en el Cuerpo Místico de Cristo en el que todos los miembros no tienen la misma función (Rom. 12,4). Ya que ellos ofrecen a Dios el excelso sacrificio de alabanza, enriquecen al pueblo de Dios con frutos espléndidos de santidad, arrastran con su ejemplo y dilatan las obras apostólicas con una fecundidad misteriosa. De esta forma son la honra de la Iglesia y manantial de gracias celestiales...» (4). - ¿Es nueva esta doctrina de la Iglesia? - Esta doctrina del Concilio no es nueva en absoluto; es ni más ni menos la doctrina tradicional de la Iglesia que los Papas han recordado continuamente. Esta misma doctrina se halla ya claramente expresada, por ejemplo, en la Constitución Apostólica «Umbratilem» del Papa Pío XI, por la que se aprueban los Estatutos de la Cartuja (5). Los últimos pontífices en especial Pablo VI y Juan Pablo II, vienen inculcando esta doctrina siempre que se ofrece ocasión propicia para ello, pues la juzgan de gran importancia para la vida de la Iglesia, y en nuestros tiempos más que nunca. - Algunos textos... - Pablo VI en una alocución a las monjas benedictinas explica el texto conciliar: «Y diremos más: no sólo se os concede un puesto en la Iglesia Católica, sino una función, como dice el Concilio; no estáis separadas de la gran comunión de la familia de Cristo, estáis especializadas; y vuestra especialidad es hoy, no menos que ayer, providencial y edificante para toda la Iglesia; más aún, para toda la sociedad. Confirmáis y reafirmáis valores que hoy se necesitan más que nunca; vosotras sabéis muy bien cuáles son estos valores: la busca suma y exclusiva de Dios en la soledad y en el silencio, en el trabajo humilde y pobre para dar a la vida el significado de una oración continua, de un sacrificio de alabanza, celebrado y consumado a una, alentado por una gozosa y fraternal caridad» (6). «Nos, ahora, somos portadores del testimonio de la vida monástica y lo expresamos con un sencillo enunciado: la Iglesia tiene necesidad de ella» (7). «El monje tiene un puesto de elección en el Cuerpo Místico de Cristo, una función providencial y urgente como nunca» (8). - ¿Qué textos de Pablo VI recuerdan los Cartujos con más atención? - Por ejemplo la carta dirigida al Reverendo Padre Dom Andrés Poisson, antes de la celebración del Capítulo General de 1971. Entre otras cosas dice: «A toda la Iglesia le interesa que los cartujos, solícitos en tributar a Dios el honor debido, no cesen de consagrar todas sus fuerzas para adorarle. Con un tal culto, sincero e indiviso, no solamente aporta esta Orden al pueblo cristiano una ayuda insigne y manifiesta, sino que es también de gran provecho para todos los hombres, pues todos están en busca del camino de la vida y todos necesitan la gracia divina». - ¿Pablo VI amaba la vida contemplativa? - Pablo VI en el discurso de clausura de la segunda sesión del Concilio puntualizaba: «Rendimos homenaje conforme a la escala de valores y deberes: Dios en primer puesto; la oración, nuestra primera obligación; la liturgia la primera fuente de la vida divina que se nos comunica, la primera escuela de la vida espiritual, el primer don que debemos hacer al pueblo cristiano... Es, en efecto, la Iglesia una sociedad religiosa, una comunidad orante; es un pueblo floreciente de interioridad y de espiritualidad promovido por la fe y por la gracia... No queremos, ciertamente, disminuir la importancia de la oración, ni posponerla a otros cuidados del ministerio sagrado o de la actividad pastoral...». - ¿Y Juan Pablo II? - Juan Pablo II ha confirmado la doctrina de sus predecesores. - Por ejemplo, en el discurso a las religiosas de clausura de Nairobi: «Aquí, en el corazón de Kenia, estáis llamadas a realizar vuestra sublime misión en el Cuerpo de Cristo, la vocación de perpetuar la vida de oración e inmolación amorosa de Cristo. La Iglesia aprendió de su Fundador -y siglos de experiencia han confirmado su honda convicción- que la unión con Dios es vitalmente necesaria para actuar con fruto. La Iglesia está firmemente convencida y lo proclama con fuerza y sin vacilar de que hay una relación íntima entre oración y difusión del Reino de Dios entre oración y conversión de los corazones... Sólo esto es ya bastante para garantizaros a vosotras y a todas las religiosas contemplativas del mundo lo necesaria que es vuestra función en la Iglesia». (Osservatore Romano, 7 mayo 1980, 278). Y a las contemplativas de Francia en Lisieux: «Desde él (el Carmelo de Lisieux) querría yo confirmaros a todas, cualquiera que sea vuestra familia espiritual, en vuestra vida contemplativa, absolutamente vital para la Iglesia y para toda la humanidad...». «Aceptad el desafío del mundo contemporáneo y del mundo de siempre, viviendo más radicalmente que nunca el misterio mismo de vuestra condición absolutamente original, que es locura a los ojos del mundo y sabiduría en el Espíritu Santo: el amor exclusivo al Señor y en Él a todos vuestros hermanos los hombres. ¡Ni siquiera intentéis justificaros! ¡Todo amor desde el momento en que es auténtico, puro y desinteresado, lleva en sí mismo su justificación! Amar gratuitamente es un derecho inalienable de la persona, incluso -habría que decir, sobre todo- cuando el Amado es Dios mismo. Tras las huellas de los contemplativos y místicos de todos los tiempos, seguid testimoniando con fuerza y humildad la dimensión trascendente de la persona humana, creada a semejanza de Dios y llamada a una vida de intimidad con Él». (O. R. 1980, p. 364).
LA VIDA AUSTERA Y SOLITARIA - ¿No puede ser un tanto extraña hoy la vida retirada del cartujo? - La Cartuja insiste ciertamente en la soledad y en la vida predominantemente eremítica de sus monjes. Pero no se ha de olvidar que la vida solitaria está atemperada por la vida común según un sabio equilibrio que defiende al monje del peligro de una vida independiente y egoísta además de ofrecerle todas las ventajas de una vida familiar. - Lo cierto es que la vida de un cartujo se define como austera... - Sí, la Cartuja es austera y desde siempre ha considerado a San Juan Bautista el austero solitario, como patrón y modelo de sus monjes; pero es un hecho que el mismo Cristo no fue menos exigente con sus discípulos: «Sígueme... deja a los muertos sepultar a sus muertos» (Lc. 9.59-60). «Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, y aun a su propia vida no puede ser mi discípulo» (Lc. 14.26). - En cualquier caso «especializarse» en austeridad y espiritualidad puede ir en detrimento de la personalidad humano-cristiana, que también es un don de Dios... - Pablo VI sale al paso de esa mentalidad equivocada: «Razonar así significa olvidarse también en el terreno espiritual del poder del alma, para la que esta austeridad es en realidad sólo un medio; y olvidarse del amor de Dios que inspira, del Absoluto que atrae: es ignorar la gracia de Cristo que la sostiene y la hace participar del dinamismo de su propia vida. Razonar así, como decíamos es, por último, desconocer los recursos de la vida espiritual, capaz de alcanzar una profundidad, una vitalidad., un dominio del propio ser y un equilibrio mucho mayores puesto que no han sido buscados por ellos mismos: «Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo esto se os dará por añadidura» (Mt. 6.32) (9). - Pero en conjunto ¿qué opinan los Papas del estilo de vida de la Cartuja? - Podríamos aplicar a la Cartuja estas palabras de Pablo VI: «El estilo de vida de estos religiosos, de estos monjes, de estos eremitas, no se nos propone como un carisma imitable por todos; pero encarnan en su estado más puro y de forma radical un espíritu del que no está dispensado ningún discípulo de Cristo; ejercen una función de la que la Iglesia no podrá prescindir y nos muestran un camino de salvación para todos» (10).
EL APOSTOLADO DEL CARTUJO - ¿Cuál es la función específica de un cartujo? - El cartujo dentro del Cuerpo Místico, desempeña una función única y sublime: el amor apasionado a Dios y, como consecuencia lógica y necesaria, el amor apasionado a los hombres. Nadie mejor que el contemplativo puede apreciar y amar más a los hombres, pues él ve mejor que nadie lo que vale el hombre a la luz de Dios; los valores más profundos y decisivos sólo se pueden apreciar acercándose a esa luz: entonces se comprende toda la grandeza del hombre. - ¿Cuál es la sustancia del apostolado cartujano? - El apostolado del cartujo está en el amor de Dios. Será apóstol en la medida de su amor a Dios. Este amor a Dios y a los hombres se expresa concretamente en la oración continua, en la generosa penitencia y en esa «búsqueda apasionada del Absoluto» que da a su vida el sentido y la ejemplaridad de un testimonio viviente para sus hermanos los hombres, que caminan como él hacia la Patria. - Luego el apostolado del cartujo excluiría el «hallazgo» de la espiritualidad del diálogo, tan moderna... - El apostolado del cartujo es silencioso, mas no por eso infecundo, al contrario. Así lo ha reconocido la Iglesia por boca de Pío XI, en un texto ya clásico de la Constitución «Umbratilem», dirigida a los cartujos: «...contribuyen mucho más al incremento de la Iglesia y a la salvación del género humano, los que cumplen el deber asiduo de la oración y de la penitencia, que los que cultivan y trabajan en el campo del Señor; porque si aquéllos no hicieran bajar del cielo la abundancia de gracias al campo que ha de ser regado, entonces ciertamente cosecharían frutos más escasos en su labor los operarios evangélicos» (11). - Vds. son como la lamparita de1 Sagrario... - Juan XXIII en la alocución del 2 de febrero de 1961, fiesta de la Purificación, se expresaba así: «El primer destino de los cirios a las casas religiosas de la más estricta mortificación y penitencia, quiere afirmar, una vez más, la preeminencia de los deberes del culto y de la consagración total a la vida de oración sobre cualquier otra forma de apostolado». - ¿Se sienten Vds. misioneros? - El Concilio Vaticano II, evitando cuidadosamente las comparaciones, sostiene la misma doctrina: «Los Institutos de vida contemplativa tienen importancia máxima en la conversión de las almas con sus oraciones, obras de penitencia y tribulaciones, porque es Dios quien, por la oración, envía obreros a la mies, abre las almas de los no cristianos para escuchar el Evangelio y fecunda la palabra de salvación en sus corazones» (12). - ¿Consideran su misión cumplida y justificada? - Por la oración casi continua, los cartujos cumplen su misión de alabanza en nombre de sus hermanos los hombres, demasiado ocupados, con frecuencia, en los quehaceres y negocios de la ciudad temporal. Su intercesión atrae las gracias del cielo sobre las almas necesitadas y es una incesante súplica por la Humanidad pecadora. El valor de esta misión de alabanza y súplica sólo Dios puede conocerla. Con su generosa penitencia, el cartujo expía sus propios pecados, pero, sobre todo, se inmola ofreciendo su vida sacrificada en favor de los miembros más necesitados de la Iglesia, completando así «lo que falta a los padecimientos de Cristo en favor de su Cuerpo que es la Iglesia» (13). - En fin, son Vds. como profetas en la vida contemporánea... - Todo cristiano es un caminante, un desterrado que, en medio de las sombras de este mundo, se dirige a la patria de la luz, a la ciudad celestial. Es ésta una verdad que el cristiano ordinario, sumergido en el mundo de las realidades sensibles, tiende a olvidar con extraña facilidad. Los cartujos le ofrecen un fuerte estímulo para ir a la búsqueda del Absoluto, pues realizan en sí mismos aquella bella definición del monje dada por Pablo VI: «Vigías del crepúsculo de la vida actual y profetas de la aurora que aguarda a los fieles» (14). |
||
|
|
|
|
|
(1) 1 Cor. 2.14. (2) Para comprobar esta afirmación baste consultar: A Piel, «Los monjes en la Iglesia (textos pontificios)». Barcelona. 1967. (3) Vaticano II, Sacrosanctum Concilium» núm 2. (4) Concilio Vaticano II. Perfectae Caritatis, 7. (5) A. A. S. 15 oct. 1924. vol. XVLI p. 385. (6) Alocución a las abadesas y superioras de los monasterios benedictinos de Italia, 28 de octubre de 1966. (7) Discurso de Pablo VI después de la consagración de la abadía de Monte Casino, 24 de octubre de 1964. (8) Ibid. (9) Homilía de Pablo VI en la misa de canonización del Beato Charbel Makhloui, monje-ermitaño libanés maronita, 16 de octubre de 1977. (10) ibid. (11) A. A. S. 15 oct. 1924, vol. XVI, p. 385. (12) Decreto «Ad gentes divinitus», 40. (13) Col. 1.24. (14) Alocución a los abades benedictinos, 30 sept. de 1966. |