1. Un ambiente de oración

   

 

Si algo distingue la oración del cartujo es la sencillez. Dado que nuestro género de vida transcurre en un ambiente de silencio y retiro, la oración para el cartujo es algo tan sencillo como estarse con el Señor. A veces nos preguntan cuántas horas de oración hay en la Cartuja. Sólo la oración litúrgica ocupa tres o cuatro horas diarias. Después habría que añadir el tiempo que cada uno dedica a la oración en su celda. Todo esto es un poco teórico ya que, en realidad, toda la vida del cartujo está empapada, sumergida en la oración. El silencio y retiro de su celda no tienen otro fin que el de crear un ambiente favorable a la oración, un ambiente propicio para que viva en una oración constante, en cuanto sea posible. La oración es la entraña misma del cartujo. Del cartujo fiel a su vocación podría decirse lo que uno de los primeros biógrafos dijo de San Francisco de Asís: “Non tam orans, quam oratio factus”, un hombre que más que orar era todo él una oración.

Los “Estatutos”, que regulan la vida del cartujo, sólo persiguen un fin: ordenar todo de tal manera que el monje logre la unión con Dios a través de la dedicación asidua a la oración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartuja de Miraflores

Escritos cartujanos La oración en la Cartuja