Forma de Vida

El equilibrio de la fe

Marco de vida

El cartujo es un ermitaño que vive en comunidad, pasando la mayor parte del día en su ermita, de donde sólo sale para la Misa, el canto de Vísperas a media tarde y los Maitines y Laudes que se cantan en la iglesia a media noche.

En la ermita ora, estudia, trabaja, come y duerme. Todas las ermitas están adosadas al claustro y completamente separadas unas de otras. Junto a la puerta de la ermita hay un ventanillo en el que se deposita la comida.

La primera pieza es una amplia habitación, a modo de zaguán, llamada “avemaría” porque siempre que entra el monje reza un avemaría. Junto al zaguán hay un taller donde el monje puede trabajar la madera, torno, encuadernación, etc. Completa la planta baja de la ermita un pequeño jardín donde cultiva sus flores, sus hortalizas, y le sirve a la vez de asueto. En la planta superior se encuentra el oratorio, una pequeña habitación que sirve de estudio, el dormitorio y el servicio.

Los domingos y fiestas domina la vida de comunidad, ya que todos los oficios litúrgicos se cantan en la iglesia, se come en el refectorio común y hay un rato de recreación. Los lunes cuentan también un paseo de unas cuatro horas de duración por la campiña, fuera del monasterio, en el que se conversa animadamente.

La vida del cartujo tiene que enhebrar cosas tan opuestas como la vida eremítica y la vida comunitaria, la soledad y la vida fraterna, el silencio y la cordialidad. En la síntesis está el equilibrio.

Un día normal

El cartujo se acuesta muy pronto, entre las 7,30 y las 8,00 de la tarde. Cuatro horas más tarde, a las 11,30 de la noche, se levanta y comienza su jornada.

Después de asearse y de rezar un rato en el oratorio de su ermita, a las 0,15 horas, la campana de la torre convoca a los monjes a la oración de la noche en la iglesia. Son los Maitines y los Laudes, oración cantada, compuesta de salmos, lecturas de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres, preces y oraciones por las necesidades del mundo y de la Iglesia. Este largo oficio litúrgico de la noche es muy apreciado por los monjes, cuando el silencio de la noche convida a una oración más fervorosa. Se prolonga hasta las 2,15 y 3,00 de la mañana.

De vuelta a su ermita el cartujo hace una breve oración a la Virgen María en su oratorio y se acuesta sin tardanza. A las 6.30 de la mañana se levanta y dedica esas primeras horas a la oración. A las 8,00 se reúne la comunidad en la iglesia para la Misa, que siempre es cantada.

La mañana transcurre en la ermita dedicada al estudio, la lectura meditada de la Sagrada Escritura, el trabajo manual. La comida es a las 11,30 y la tarde sólo se interrumpe para cantar en la iglesia el oficio litúrgico de Vísperas.