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Nuestro marco de vida |
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Se ha dicho que el cartujo es un ermitaño que vive en comunidad. Pasa la mayor parte del día en su ermita, de donde sólo sale para la Misa, el canto de Vísperas a media tarde y los Maitines y Laudes que se cantan en la iglesia a media noche. En la ermita ora, estudia, trabaja, come y duerme. Todas las ermitas están adosadas al claustro y completamente separadas unas de otras. Junto a la puerta de la ermita hay un ventanillo en el que se deposita la comida. La primera pieza es una amplia habitación, a modo de zaguán, llamada "avemaría" porque siempre que entra el monje reza un avemaría. Junto al zaguán hay un taller donde el monje puede trabajar la madera, torno, encuadernación, etc. Un pequeño jardín donde el monje cultiva sus flores, sus hortalizas, y le sirve a la vez de asueto, completa la planta baja de la ermita. En la planta superior se encuentra el oratorio, una pequeña habitación que sirve de estudio, el dormitorio y el servicio. Los domingos y fiestas domina la vida de comunidad, ya que todos los oficios litúrgicos se cantan en la iglesia, se come en el refectorio común y hay un rato de recreación. El lunes hay también un paseo de unas cuatro horas de duración por la campiña, fuera del monasterio, en el que se conversa animadamente. La vida del cartujo tiene que enhebrar cosas tan opuestas como la vida eremítica y la vida comunitaria, la soledad y la vida fraterna, el silencio y la cordialidad. En la síntesis está el equilibrio. |
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