LOS TRES MONJES Y  LA  ORACIÓN

Uno de los monjes dijo: pues yo si por cualquier causa le escamoteo a mi día un poco de oración, me queda una incómoda y desagradable sensación de haber faltado, y no vuelvo a tener paz hasta que no suplo con algún sacrificio o añadiéndole mañana a mi oración un poco más de tiempo a modo de correctivo, de terapia…

         Y otro de los monjes comentó: a mí lo que me sucede en esos casos es que me siento como si me faltara algo durante todo el día, algo muy necesario y sin lo que no puedo casi vivir. Sí, eso es: como si me faltara energía espiritual, carburante vital. Y es una sensación tan incómoda que por nada del mundo dejo la oración.

         El tercero permanecía callado, algo remiso a compartir su experiencia. Y ¿a ti, no te ocurre algo parecido? Le insistieron los otros monjes; y entonces también el habló: ¿Sensación de culpa?, ¿sentirme falto de energía?…Tal vez alguna vez también yo sentí algo parecido; pero, desde hace ya mucho tiempo, lo único que siento es lo triste que Dios estaría hoy sin mi oración ¡Le gusta tanto! ¡La espera con tanta ilusión! No, a Dios lo tengo muy mal acostumbrado… Y se encarga por todos los medios de acosarme a la oración, me avasalla de Presencia para que no le deje sin ese regalo cada día.

                                                                                                      Un  cartujo