Dichoso el hombre que se entretiene continuamente con Dios, que se guarda de todo lo terrestre para darse a Él sólo, esforzándose en conocerle. Si persevera, no tardará en darse cuenta de cuán fructuosa es una tal conducta.

La alegría que hay en Dios es más fuerte que la vida presente. Quien ha encontrado esa alegría, no sólo se libera de la agitación de las pasiones sino que cesa de tornarse hacia esta vida. Si su alegría es verdadera, no quiere conocer otra sensación.

Señor, llena el corazón de vida eterna. La vida eterna es la consolación de Dios.

Quien ha hallado en Dios la consolación, considera como superflua la consolación del mundo.

Isaac de Nínive

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