¿Tiene todavía sentido hacerse sacerdote en un mundo en el que solamente cuenta el progreso técnico y social? ¿Tiene futuro la fe? ¿Merece la pena jugarse toda la vida a esta carta? ¿No es el sacerdocio una reliquia superada del pasado, que nadie necesita ya, mientras que todas las fuerzas deberían emplearse en transformar la miseria e incrementar el progreso?

¿Pero es todo esto realmente así? ¿O no se conduce al mismo tiempo la humanidad cada vez más, en la medida en que hace girar más y más de prisa la máquina del progreso, hacia una locura suicida? […]

En realidad, el hombre no sólo vive de frigoríficos y de balances. Cuanto más lo intenta, más desesperado se vuelve, más vacía resulta su vida. Hoy necesitamos también, y hoy más que nunca, hombres que no vendan artículos de lujo ni hagan propaganda política, sino que pregunten por el alma del hombre; que le ayuden a no perder su alma en el trasiego de la vida diaria. Necesitamos sacerdotes; cuanto más ajenos a los negocios del mundo y a la política, tanto mejor.

Joseph Ratzinger / Benedicto XVI