Quien vive su fe con indiferencia o con falta de interés, quien tiene su corazón en otra parte, está lleno de cosas y deseos de este mundo, quien no encuentra nunca tiempo para Dios, ni siente deseo alguno de buscarlo, para esta persona la conversión consistirá en una decisión firme y eficaz para salir de este estado de indefinición y ponerse de nuevo en camino, reanudando una relación auténtica y personal con el Señor.

Por el contrario para quien ya lleva una vida de fe y Dios es algo relevante en su vida, la conversión consistirá en purificarse de una fragilidad que se manifiesta de mil maneras.

Hay que examinar y ver si nuestras opciones, nuestra manera de enfrentarnos a los problemas, situaciones y ambientes, nuestra manera de ver las cosas está de acuerdo con los valores del evangelio.