No se necesitan técnicas complicadas. Coge el rosario y reza con gran humildad, confianza y perseverancia.

Pronto o tarde sentirás nacer en tu corazón la oración incesante del Espíritu. Entonces comprenderás las palabras de Jesús en el evangelio: “hay que orar siempre sin desfallecer” (Lc. 18,1).

Esto es algo que no se explica fácilmente, hay que experimentarlo. Muchas veces nuestras disposiciones de sencillez y humildad al orar son más importantes que la misma oración.

Si quieres tener una idea de Dios, estudia teología. Si quieres tener experiencia de Dios, ora.