Teme acercarte, considerando tu vileza, teme también tu gran atrevimiento, pero teme todavía más estarle lejano considerando la necesidad que tienes de Él.

En esta perplejidad y angustia abandónate, arrójate en sus manos y apóyate en su sola misericordia; Él conoce ya tu estado miserable.

Y si al aproximarte a este sacramento debieras encontrarte con alguna persona o también con un mismo ángel que te pregunte por qué osas acercarte a él, podrías responder que lo haces porque la misericordia de Dios es infinita, porque debes ir a Él desde el momento en que estás enfermo; y cuanto más debilidad sientes por los otros, tanto menos puedes estar lejos de Él.

Lanspergio († 1539)

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