Y si luego fuese tanta tu aridez y oscuridad de mente, de no poder hacer ninguna de estas reflexiones, no consientas mínimamente en algún pecado y grita con la mujer cananea al Señor, que es verdaderamente clementísimo, aunque se muestre duro; y en la fe de la Iglesia aproxímate al sacramento con confianza.

Expulsa todos los sentimientos que te puedan pasar por la mente, de vanidad, blasfemia, etc…, pasa por encima de ellos sin consideración y no les des respuesta.

Si soportas de esta forma tu aridez, por amor de Dios, sostenido por la fe, créeme, tendrás un premio.

Lanspergio († 1539)