Según Teófano el Recluso, la oración continua consiste en permanecer siempre ante Dios en adoración. Esta es su exacta descripción. Y desde este punto de vista las oraciones establecidas no son más que el aceite o la madera arrojada al fuego para que ardan.

Cuando oramos debemos rumiar algún pensamiento o jaculatoria en el corazón esforzándonos en darnos cuenta de su sentido. Cuando un sentimiento de contrición, de agradecimiento, de alabanza, se apodera de nuestro corazón no hace falta rezar con los labios, basta concentrarnos en ese sentimiento del corazón, y esto ni más ni menos es la oración continua.